Cosmogonía Masónica

Extracto del libro "Simbolismo Masónico y Cosmogonía", de Diego Figueroa.

Buenos Aires, Editorial Fiat Lux, 2011.


La Logia y el Cosmos

La Logia masónica se considera como un símbolo del Mundo o del “Cosmos”. También se considera un Templo, es decir, un recinto sagrado, cuyo interior es propiamente, por oposición a las “tinieblas exteriores” que corresponden al mundo profano, “el lugar iluminado y regular”, donde todo se hace según el rito, o sea, conforme al “orden”.
El simbolismo de su estructura también implica la fijación de un Centro, a partir del cual se funda el Mundo, es decir, comporta una cosmogonía. Del mismo modo, el suelo de la Logia representa la Tierra, mientras que su bóveda representa el Cielo, a la vez que sus paredes simbolizan las cuatro direcciones del espacio cósmico, lo cual implica tanto un Espacio como un Tiempo sagrados.
A continuación, entonces, analizaremos el simbolismo cosmogónico de la Logia masónica, además de las conexiones que posee con el propio proceso iniciático.

Simbolismo Espacial y Temporal

La Logia tiene una forma rectangular (o un cuadrado largo) y cada uno de sus lados posee diversas correspondencias espaciales y temporales. En primer lugar, cada lado se asocia a un punto cardinal: NorteSurEste y Oeste. Cada lado, además, se corresponde con las fases del curso aparente del Sol durante el día: el Norte corresponde a la Medianoche; el Este, por donde sale el Sol, a la Mañana; el Sur, donde el Sol se encuentra en su meridiano más alto, corresponde al Mediodía; y el Oeste, por donde se pone el Sol, a la Tarde. Del mismo modo, cada lado se asocia con las estaciones por las que atraviesa el Sol a lo largo del año: el Invierno corresponde al Norte, la Primavera al Este, el Verano al Sur, y el Otoño al Oeste. En consecuencia, también se encuentran representados los Solsticios y los Equinoccios: el eje Norte-Sur corresponde a los Solsticios de Invierno y Verano, es decir, es un Eje Solsticial, mientras que el eje Este-Oeste corresponde a los Equinoccios de Primavera y Otoño, es decir, es un Eje Equinoccial.
Por otro lado, si bien no siempre se la representa, usualmente la parte superior de la Logia se encuentra rodeada por la “Cadena de Unión”, que es el símbolo del “marco” del cosmos, que “liga” y “une” todos sus elementos entre sí y que posee un carácter celeste, lo cual explica su posición. La Cadena de Unión tiene nudos de trecho en trecho, que son usualmente doce, correspondiendo así a los signos del Zodíaco, el cual constituye la “envoltura” del cosmos, es decir, el “marco celeste” en cuyo interior se mueven los planetas. En algunas Logias, por lo tanto, en lugar de la Cadena de Unión se representan los Signos del Zodíaco en la parte superior de las mismas, correspondiendo el signo de Capricornio al Norte, el de Aries al Este, Cáncer al Sur y Libra al Oeste.[1] Todas estas correspondencias podemos apreciarlas en la Figura 1:


Las Circunambulaciones Rituales

Las circunambulaciones son movimientos circulares que se realizan alrededor de un eje o punto central. Los movimientos que se realizan en la Logia no son antojadizos ni al azar, sino que tienen un carácter ritual, es decir, responden a un orden determinado y poseen un sentido específico. Las circunambulaciones rituales que efectúan los masones en la Logia se realizan en torno al centro de la misma. Estas circunambulaciones se efectúan en un sentido horario, es decir, en el sentido de las agujas del reloj. Este movimiento tiene diversos significados y, teniendo en cuenta las correspondencias espaciales y temporales que ya mencionamos, representa más específicamente varios ciclos del Sol. En primer lugar, representa el Ciclo Diario del Sol: de Medianoche a la Mañana, de la Mañana al Mediodía, del Mediodía a la Tarde, y de la Tarde a la Medianoche. En segundo lugar, representa el Ciclo Anual del Sol: del Solsticio de Invierno al Equinoccio de Primavera, del Equinoccio de Primavera al Solsticio de Verano, del Solsticio de Verano al Equinoccio de Otoño, y del Equinoccio de Otoño al Solsticio de Invierno. Por último, representa el Ciclo Zodiacal, es decir, el movimiento que realiza el Sol atravesando cada signo del Zodíaco: Capricornio (signo cardinal que corresponde al Norte), Acuario, Piscis, Aries (signo cardinal que corresponde al Este), Tauro, Géminis, Cáncer (signo cardinal que corresponde al Sur), Leo, Virgo, Libra (signo cardinal que corresponde al Oeste),  Escorpio y Sagitario. Podemos apreciar cada uno de estos ciclos en la Figura 2:


Orden Terrestre y Orden Celeste

En la Logia es posible distinguir dos órdenes: un Orden Terrestre y un Orden Celeste. El Orden Terrestre representa el Ciclo Anual, mientras que el Orden Celeste, por su parte, representa el “Curso del Sol en el Cielo”:

... según la ley general de la analogía, ambos órdenes deben, en su correlación misma, ser mutuamente inversos, de modo que el más alto para un orden es el más bajo para el otro, y recíprocamente; así, según la expresión hermética de la Tabla de Esmeralda, “lo que está arriba (en el orden celeste) es como lo que está abajo (en el orden terrestre)”, o también, según las palabras evangélicas, “los primeros (en el orden principial) serán los postreros (en el orden manifestado)”.[2]

Teniendo en cuenta que el Ciclo Anual se divide en dos mitades, una “Ascendente” y otra “Descendente”, es posible establecer las correspondencias de cada uno de los órdenes. En el Orden Terrestre, que representa el Ciclo Anual, el Norte corresponde al Solsticio de Invierno y al signo de Capricornio, mientras que el Sur corresponde al Solsticio de Verano y al signo de Cáncer. La fase Ascendente es el movimiento que se dirige del Norte al Sur, mientras que la fase Descendente es el movimiento que se dirige del Sur al Norte. En el Orden Celeste, que representa el Curso del Sol en el Cielo, el Norte corresponde al Solsticio de Verano y al signo de Cáncer, mientras que el Sur corresponde al Solsticio de Invierno y al signo de Capricornio. La fase Ascendente es el movimiento que se dirige del Sur al Norte, mientras que la fase Descendente es el movimiento que se dirige del Norte al Sur. Estas correspondencias podemos apreciarlas en las Figuras 3 y 4:





El “Curso del Sol en el Cielo”

Como vimos anteriormente, en el  Orden Terrestre tenemos representado el Ciclo Diario del Sol, el Ciclo Anual y también el Ciclo Zodiacal, en el cual el signo de Capricornio corresponde al Norte y el signo de Cáncer al Sur. Este Ciclo Zodiacal podría ser considerado como el “curso del Sol en el cielo”, es decir, el curso del Sol a través de cada signo del Zodíaco. Teniendo en cuenta esto, y si el curso del Sol en el cielo está representado en el Orden Terrestre, cabe preguntarse a qué se refiere, entonces, el “Curso del Sol en el Cielo” del Orden Celeste.
Esta cuestión se resuelve teniendo en cuenta que el mundo terrestre puede considerarse aquí como una representación del “cosmos” en su conjunto, por lo que el Cielo representa, entonces, el dominio “extracósmico”. Esto significa que, desde este punto de vista, la consideración del “sentido inverso” debe aplicarse al orden “espiritual”, entendido en su acepción más elevada, con respecto no solamente al orden sensible sino a la totalidad del orden cósmico.
Por lo tanto, el Orden Terrestre se refiere al dominio cósmico, físico y material,[3] mientras que el Orden Celeste se refiere al dominio extracósmico, metafísico y espiritual, siendo ambos mutuamente inversos. De esto se desprende que el Sol del Orden Terrestre es un Sol “físico”, mientras que el del Orden Celeste es un Sol Espiritual”, o sea que el “Curso del Sol en el Cielo” se refiere exclusivamente al dominio espiritual.
Respecto a esta expresión de “Sol Espiritual”, para comprender adecuadamente su sentido es necesario tener en cuenta la distinción que se efectúa en las doctrinas tradicionales ente el “Sí mismo” y el “Yo”. El “Yo” se refiere a la simple individualidad humana, mientras que el “Sí mismo” es el Principio trascendente y permanente del cual el ser manifestado, por ejemplo el ser humano, es sólo una modificación transitoria y contingente, que no afecta al Principio. Es inmutable en su propia naturaleza y por él existen todos los estados del ser, cada cual dentro de su dominio o grado de existencia. Se refiere tanto a los Estados Manifestados (que pueden ser, por un lado, Formales o Individuales, y, por el otro, Informales o Supraindividuales) como a los Estados No Manifestados (las posibilidades no susceptibles de manifestación y las posibilidades de manifestación en modo principial). El “Sí mismo” es “una determinación inmediata, primordial y no particularizada, del principio que se llama en sánscrito Atma o Paramatma y que podemos, a falta de un mejor término, designar como “Espíritu Universal”.[4]
El “Sí mismo”, entonces, es el “Sol Espiritual” que brilla en el centro del ser total, y el rayo emanado de él (identificado con el término Buddhi, es decir, el intelecto superior, que es la expresión del “Sí mismo” en la manifestación) ilumina en su integralidad al estado individual, relacionándolo en su totalidad con todos los estados manifestados, individuales y no individuales, del mismo ser y, más allá de éstos, con el centro del ser total. Debido a esto, el centro de cada estado, tanto el humano como cualquier otro, en el cual se proyecta este rayo espiritual, puede ser tomado como base para la realización de la “Identidad Suprema”, el cual es el fin último de la realización iniciática.

Orientación Polar y Orientación Solar

Un aspecto que llama la atención es que, si consideramos las Figuras 3 y 4, podemos observar que el Orden Terrestre tiene un sentido de circunambulación horario, es decir, en el sentido de las agujas del reloj, mientras que el Orden Celeste tiene un sentido de circunambulación antihorario, es decir, en el sentido contrario a las agujas del reloj. Es posible preguntarse a qué se deben estos dos sentidos y por qué no tienen el sentido inverso, es decir, el Orden Terrestre un sentido antihorario y el Orden Celeste un sentido horario. El motivo de esto queda explícito teniendo en cuenta lo que afirma la tradición extremo-oriental (Taoísta) acerca de las cuestiones de orientación:

En la época primordial, el hombre estaba perfectamente equilibrado en cuanto a la complementariedad de yin y yang; era yin o pasivo por relación al Principio y yang o activo por relación al cosmos o conjunto de las cosas manifestadas; se volvía pues, de manera natural, hacia el Norte, que es yin, como hacia su propio complemento. Por el contrario, el hombre de las épocas posteriores, a consecuencia de la degeneración espiritual que corresponde a la marcha descendente del ciclo, ha devenido yin por relación al cosmos; debe por tanto volverse hacia el Sur, que es yang, para recibir la influencia del principio complementario de aquel que se ha hecho predominante en él y para restablecer, en la medida de lo posible, el equilibrio entre yin y yang. La primera de esas dos orientaciones puede llamarse “polar”, mientras que la segunda es propiamente “solar”.[5]

Considerando esto, tenemos dos orientaciones posibles. La Orientación Polar, mirando hacia el Norte, se denomina así ya que es posible observar el giro aparente de las estrellas alrededor del Polo, mientras que la Orientación Solar, mirando hacia el Sur, recibe esta denominación ya que es posible observar el recorrido aparente del Sol durante el transcurso del día.
Estas dos orientaciones están vinculadas estrechamente con el sentido de las circunambulaciones rituales en las distintas formas tradicionales. En la Orientación Polar, el centro se encuentra hacia la izquierda, por lo que la circunambulación se efectúa de derecha a izquierda, es decir, la circunambulación se efectúa en un sentido Antihorario. En la Orientación Solar, el centro se encuentra hacia la derecha, por lo que la circunambulación se efectúa de izquierda a derecha, es decir, la circunambulación se efectúa en un sentido Horario. La Orientación Polar se encuentra vigente, por ejemplo, en la tradición islámica, mientras que la Orientación Solar se encuentra en las tradiciones hindú y tibetana. Curiosamente, la escritura árabe tiene un sentido de derecha a izquierda, mientras que el sánscrito y la escritura tibetana tienen un sentido de izquierda a derecha, es decir, la dirección de la escritura de las lenguas sagradas de estas formas tradicionales se corresponde con el sentido de las circunambulaciones rituales, tal como podemos apreciar en las Figuras 5 y 6:


En el caso de la Masonería, actualmente la circunambulación es Solar, lo que se corresponde con la orientación de las catedrales medievales, pero “parece haber sido, por el contrario, inicialmente polar en el antiguo ritual operativo, según el cual el trono de Salomón estaba situado a Occidente y no a Oriente, a fin de permitir al que lo ocupaba contemplar la salida del Sol”,[6] lo que se corresponde con la orientación del Templo de Salomón y con el sentido de la escritura hebrea, es decir, de derecha a izquierda.
Estas dos orientaciones, Polar y Solar, se corresponden respectivamente a dos vías: la “Vía del Cielo” y la “Vía de la Tierra”. La primera es superior a la segunda, ya que marca la diferencia entre la época primordial y las posteriores épocas de degeneración espiritual. Además, se puede ver en ambas vías una relación inversa entre el movimiento del Cielo y el movimiento de la Tierra, lo que se encuentra en rigurosa conformidad con la ley general de la analogía, lo cual sucede siempre que se está en presencia de dos términos que se oponen de tal forma que uno de ellos es como un reflejo invertido del otro.
En síntesis, el Orden Terrestre tiene un sentido de circunambulación horario porque responde a una modalidad de orientación Solar, que se corresponde con la “Vía de la Tierra”, mientras que el Orden Celeste tiene un sentido de circunambulación antihorario porque responde a una modalidad de orientación Polar, que se corresponde con la “Vía del Cielo”.

Las Puertas Solsticiales

La doctrina de las “Puertas Solsticiales” se encuentra explícita en la mayoría de las tradiciones, teniendo una gran importancia simbólica. La puerta de “entrada” se designa usualmente como la “Puerta de los Hombres”, por la que los profanos, que no han sobrepasado aún el estado humano, pueden ser iniciados en los Misterios Menores. Por otro lado, la puerta de “salida” se designa, por oposición, como la “Puerta de los Dioses”, es decir, aquella por la cual pasan solamente los seres que tienen acceso a los estados supraindividuales.
Estas dos Puertas Solsticiales de entrada y de salida son también dos puertas “zodiacales”, es decir, cada una se asocia no sólo a un Solsticio sino también a un signo del Zodíaco. La Puerta de los Hombres, entonces, corresponde al Solsticio de Verano y al signo de Cáncer, mientras que la Puerta de los Dioses corresponde al Solsticio de Invierno y al signo de Capricornio. Además, la fase Ascendente está puesta en relación con la “Vía de los Dioses”, y la fase Descendente con la “Vía de los Antepasados”, siendo la Puerta de los Hombres la que da acceso a la Vía de los Antepasados y la Puerta de los Dioses la que da acceso a la Vía de los Dioses. Debido a esto, las Puertas deben situarse en el inicio de las dos fases correspondientes, es decir, la Puerta de los Hombres en el Solsticio de Verano y la Puerta de los Dioses en el Solsticio de Invierno, siendo inversa su posición según se considere el Orden Terrestre o el Orden Celeste, como podemos observar en las Figuras 7 y 8:




Sintetizando todas estas cuestiones, podemos afirmar que existen dos órdenes posibles. En el Orden Terrestre, que representa el Ciclo Anual, el Norte corresponde al Solsticio de Invierno, al signo de Capricornio y a la Puerta de los Dioses, que da acceso a la realización de los Misterios Mayores. Por otro lado, el Sur corresponde al Solsticio de Verano, al signo de Cáncer y a la Puerta de los Hombres, que da acceso a la realización de los Misterios Menores. La fase Ascendente es el movimiento que se dirige del Norte al Sur y se asocia con la Vía de los Dioses. La fase Descendente, por su parte, es el movimiento que se dirige del Sur al Norte y se asocia con la Vía de los Antepasados.
En el Orden Celeste, que representa el Curso del Sol en el Cielo, el Norte corresponde al Solsticio de Verano, al signo de Cáncer y a la Puerta de los Hombres, que da acceso a la realización de los Misterios Menores. Por otro lado, el Sur corresponde al Solsticio de Invierno, al signo de Capricornio y a la Puerta de los Dioses, que da acceso a la realización de los Misterios Mayores. La fase Ascendente es el movimiento que se dirige del Sur al Norte y se asocia con la Vía de los Dioses. La fase Descendente, por su parte, es el movimiento que se dirige del Norte al Sur y se asocia con la Vía de los Antepasados.

El Orden Terrestre y Celeste en la Logia Masónica

Como afirmamos anteriormente, la posición de los signos del Zodíaco en la Logia puede variar debido a los diversos significados que puede tener un mismo simbolismo. Es posible, entonces, colocar el signo de Capricornio en el Norte y el de Cáncer en el Sur, con lo que se estaría representando el Ciclo Zodiacal desde el punto de vista del Orden Terrestre. También se podría colocar el signo de Cáncer en el Oeste y el de Capricornio en el Este, con lo que se representaría la Puerta de los Hombres en Occidente, por donde se ingresa a la Logia (al “cosmos”) y la Puerta de los Dioses en Oriente, por donde se saldría del dominio cósmico hacia el extracósmico, es decir, hacia el “Oriente Eterno”. Pero colocando el signo de Cáncer en el Norte y el signo de Capricornio en el Sur, se estarían representando los dos Órdenes a los cuales hicimos referencia: el Orden Terrestre y el Orden Celeste, la modalidad Solar y la modalidad Polar, la “Vía de la Tierra” y la “Vía del Cielo”, lo cósmico y lo extracósmico, lo físico y lo metafísico, lo “material” y lo espiritual.
Todo esto se representaría en la Logia, por un lado, con las Circunambulaciones Rituales que efectúan los masones en sentido horario y, por el otro, con la disposición de los Signos del Zodíaco en la parte superior de la Logia en sentido antihorario, con el signo de Capricornio en el Sur y el signo de Cáncer en el Norte (Figura 9). De este modo, podemos apreciar que la doctrina de las Puertas Solsticiales, con las implicancias iniciáticas que posee, se ha mantenido y conservado en el simbolismo masónico.


Por último, agregaremos que las Puertas Solsticiales se encuentran relacionadas también con el simbolismo del dios Jano, que es el ianitor (“portero”) que abre y cierra las puertas del Ciclo Anual con las llaves que son uno de sus principales atributos, una de oro y la otra de plata, que corresponden, respectivamente, a los Misterios Mayores y los Misterios Menores. Esto es importante porque, en la antigua Roma, Jano era el dios de la iniciación a los Misterios y también de los Collegia fabrorum, las corporaciones de artesanos, las cuales le tributaban un culto especial y en cuyo honor celebraban las dos fiestas solsticiales correspondientes a la apertura de las dos mitades ascendente y descendente del ciclo zodiacal. Esta costumbre continuó siendo practicada en las corporaciones de constructores, pero, con el Cristianismo, estas fiestas fueron identificadas con los dos San Juan, de invierno y verano. De este hecho proviene la conocida expresión de “Logia de San Juan” que se ha conservado en la Masonería, la cual es la continuación directa de dichas corporaciones y que aún hoy sigue celebrando las fiestas solsticiales, contando con un ritual específico destinado a esto.


La Logia y la Cruz de Tres Dimensiones

Un símbolo fundamental para comprender el Proceso Iniciático y Cosmogónico de la Masonería es la “Cruz de Tres Dimensiones”.
Como vimos anteriormente, las correspondencias espaciales de la Logia masónica ubican a cada punto cardinal en cada lado de la misma, con lo cual queda conformada una “cruz de dos dimensiones”, como podemos observar en la Figura 10:



Recordemos, entonces, las medidas simbólicas de la Logia según los propios rituales masónicos. Al respecto, el catecismo del grado de Aprendiz de Memphis-Misraim expresa lo siguiente:


-¿Cuál es la forma de vuestra Logia?
- Un cuadrilongo
- ¿En qué sentido está su extensión?
- De Oriente a Occidente
- ¿Y su largo?
- Del mediodía al septentrión
- ¿Su altura?
- De zenit a nadir.[7]

Por otro lado, el catecismo del grado de Aprendiz del Rito Escocés Rectificado afirma:

-¿Cuál es la figura de la Logia?
- Un “cuadrado largo” (rectángulo en profano).
- ¿Cuál es su largo?
- De Oriente a Occidente.
- ¿Cuál es su ancho?
- Del norte a mediodía.
- ¿Cuál es su profundidad?
- Desde la superficie de la Tierra hasta el centro.
- ¿Cuál es su altura?
- Tantos codos que no se pueden contar.[8]

Para poder representar esto, es necesario apelar al uso de la “Cruz de Tres Dimensiones”, la cual se forma colocando la cruz de dos dimensiones sobre un plano horizontal y atravesándola en su centro por una recta vertical. Tenemos así como resultado la Cruz de Tres Dimensiones, formada por tres ejes: dos ejes horizontales y un eje vertical.
El eje vertical formado por el Cenit-Nadir es el Eje Polar, es decir, la línea fija que une los dos polos y alrededor de la cual todo gira, siendo así el eje principal, mientras que los otros dos ejes horizontales son secundarios y relativos. De estos dos ejes, el eje Norte-Sur es el Eje Solsticial, mientras que el eje Este-Oeste es el Eje Equinoccial. Estas correspondencias espaciales de la Cruz de Tres Dimensiones podemos observarlas en la Figura 11:



Teniendo en cuenta el eje vertical, la cruz horizontal podrá girar de derecha a izquierda o de izquierda a derecha, es decir, con un sentido Polar o con un sentido Solar, lo que está estrechamente vinculado a los dos sentidos de la Cruz Esvástica.[9]
Considerando todas estas relaciones espaciales, es posible afirmar que la Cruz de Tres Dimensiones es la representación geométrica de la Logia masónica. Los dos sentidos de rotación de la Cruz de Tres Dimensiones, entonces, son los dos sentidos en que los masones circunambulan ritualmente en la Logia, tanto en la “Apertura” como en la “Clausura” de los Trabajos masónicos. Es decir que los masones, al realizar el ritual, se convierten ellos mismos en un símbolo.

Los “Tres Mundos”

La Logia masónica, al ser considerada como un Templo, también nos conduce a la representación de los “Tres Mundos”, ya que “como consecuencia de su situación en el centro del Cosmos, el templo o la ciudad sagrada son siempre el punto de encuentro de las tres regiones cósmicas: Cielo, Tierra e Infierno”.[10]
El centro de la Logia es, propiamente, un Axis mundi (“Eje del Mundo”), alrededor del cual se extiende el “Mundo”, es decir, el eje se ubica en el “medio”, en el “Centro del Mundo”. Sobre este eje, además, se encuentran el Infierno, el centro de la Tierra y la “puerta” del Cielo, realizándose el pasaje de una región cósmica a otra a través del mismo.
Como vimos anteriormente, el suelo de la Logia representa la Tierra, mientras que su Bóveda representa el Cielo, en cuyo centro se encuentra la Letra G o la Estrella Polar como símbolo del punto más alto del cielo visible y, por ende, del Cosmos. En cuanto al Infierno, éste puede representarse por la Cámara de Reflexiones de las iniciaciones masónicas, la cual se encuentra simbólicamente por debajo de la Logia. De este modo, el Eje atraviesa y comunica estos “Tres Mundos”, que pueden representarse por medio de la Cruz de Tres Dimensiones (Figura 12).


Solve y Coagula

Considerando que los dos principios del yin y el yang deben entenderse como complementarios, aunque sus acciones en los diferentes ámbitos de la manifestación aparezcan externamente como contrarias, se puede hablar de la doble acción de una fuerza única o de dos fuerzas producidas por la polarización de ésta y centradas en los dos polos, que producen, por las acciones y reacciones que resultan de su diferenciación, el desarrollo de las virtualidades contenidas en el “Huevo del Mundo”, el cual es la figura de aquello a partir de lo cual se efectuará el desarrollo del “cosmos” hasta su estado de plena manifestación.
La acción, entonces, de esta doble fuerza cósmica está en relación con las fases inversas y complementarias de toda manifestación, que se deben al predominio alternante del yin y el yang: evolución e involución, desarrollo y envolvimiento, desenroscamiento y enroscamiento, marcha descendente (catábasis) y marcha ascendente (anábasis), salida en lo Manifestado y entrada en lo No Manifestado. Esta doble acción es la “espiración” y “aspiración” universales por las que se producen, según la terminología hermética, las coagulaciones (Coagula) y las disoluciones (Solve), y que “en todos los grados, en los órdenes macrocósmico y microcósmico, se encuentran fases correspondientes en todo ciclo de existencia, pues son la expresión misma de la ley que rige el conjunto de la manifestación universal”.[11]
Los términos Solve y Coagula se asocian con la acción de las corrientes ascendente y descendente de la fuerza cósmica, es decir, con las acciones respectivas del yang y el yin. Las condensaciones (Coagula) proceden de las influencias terrestres y dan nacimiento a los compuestos individuales, mientras que las disipaciones (Solve) proceden de las influencias celestes y vuelven a llevar a los elementos de esos compuestos a sus principios originales. Son, entonces, los efectos de las atracciones del Cielo y la Tierra, siendo así cómo los seres son modificados por ellos desde su aparición en el mundo Manifestado hasta su retorno a lo No Manifestado.
Solve y Coagula, entonces, se refieren a las dos fases, inversas y complementarias, que rigen el proceso de la Manifestación Universal. El paso de la Unidad (la No Manifestación) hacia la Manifestación es, desde el punto de vista de la Unidad, una disolución (Solve) a la que corresponde un movimiento centrífugo, mientras que, desde el punto de vista de la Manifestación, es una coagulación (Coagula) a la que corresponde un movimiento centrípeto. Inversamente, el paso de la Manifestación hacia la Unidad es, desde el punto de vista de la Unidad, una coagulación (Coagula) a la que corresponde un movimiento centrípeto, mientras que, desde el punto de vista de la Manifestación, es una disolución (Solve) a la que corresponde un movimiento centrífugo.
Debido a la analogía entre Macrocosmos y Microcosmos, las dos fases de Solve y Coagula encuentran su correspondencia en el ser humano, ya que se las relaciona con las dos fases de la respiración (aspiración y espiración) y con el doble movimiento del corazón, el cual también consiste en una expansión y una contracción alternadas. Del mismo modo, se asocian con los “canales” sutiles (nâdîs) del cuerpo humano, habiendo tres principales: idâ se encuentra a la izquierda y es femenino y negativo, mientras que pingalâ se encuentra a la derecha y es masculino o positivo, correspondiendo ambos a la “polarización” de las corrientes vitales; el tercer “canal” es sushumnâ, que ocupa una posición central. También se encuentran presentes en otros aspectos de la manifestación individual humana (como la facultad mental y los estados de sueño y vigilia) y, por extensión, en el resto de los seres vivos. Igualmente, se hallan claramente presentes en el simbolismo masónico, lo que se justifica debido al carácter cosmológico de la Iniciación masónica.

Apertura y Clausura de los Trabajos

Durante la “Apertura” de los Trabajos masónicos, se realiza un ritual según el cual las circunambulaciones en la Logia se efectúan en sentido horario, que es el movimiento que estudiamos en primer lugar. Durante la “Clausura”, en cambio, los movimientos se efectúan en un sentido antihorario, es decir, exactamente inverso al anterior. Esto debe relacionarse con lo que ya explicamos respecto al sentido Solar y Polar de las circunambulaciones rituales, pero también con las dos fases de Solve y Coagula.
La Apertura de los Trabajos masónicos se inicia con la entrada ritual en la Logia. En el Rito de Memphis-Misraim, la misma se efectúa ingresando por el Oeste y dando tres giros, en sentido horario, alrededor del Centro de la Logia:
Se ejecuta la entrada reverentemente, haciendo una primera vuelta, por el Norte, después una segunda completa, luego de lo cual cada uno toma su lugar.

Por su parte, la salida de la Logia, al finalizar la Clausura de los Trabajos, se realiza en un sentido exactamente inverso:

La Salida de la Logia ocurre en secuencia contraria a la de la entrada. El Venerable Maestro baja de Oriente por el Norte. Todos se retiran del Templo conducidos por el Maestro de Ceremonias, haciendo dos vueltas por el Norte y saliendo en la tercera vuelta.

La Apertura implica un movimiento centrípeto, es decir, una condensación (Coagula), mientras que la Clausura implica un movimiento centrífugo, es decir, una disolución (Solve). Por lo tanto, el movimiento que se realiza en la Apertura y Clausura de los Trabajos reproduce exactamente el movimiento de la Doble Espiral, el cual también puede representarse por los dos giros de la Cruz Esvástica (Figura 13):


Por otro lado, los términos “Apertura” y “Clausura” también se relacionan con el “Poder de las Llaves”, es decir, con el poder de “abrir” y “cerrar” la Logia, o sea, el Cosmos. La “Apertura” es una coagulación (Coagula) y la “Clausura” una disipación (Solve), vistos ambos desde el punto de vista de la Manifestación.[12]
Es necesario agregar que en la Logia Masónica el “Eje del Mundo” puede representarse por medio de una Plomada, descendiendo exactamente en el Centro de la misma, sobre una Cruz Esvástica, la cual simboliza el Polo Terrestre. La Plomada, además, puede pender de la Letra G o la Estrella Polar, ubicadas en el centro de la Bóveda, como símbolo de la Unidad o el Principio. La Apertura de los Trabajos puede representarse, entonces, como el paso de la Unidad a la Manifestación (Coagula), y la Clausura como el paso de la Manifestación a la Unidad (Solve).
Éste es sólo un ejemplo de la presencia de Solve y Coagula en el simbolismo masónico, las cuales tienen una importancia fundamental ya que encierran lo que podría denominarse el “Secreto Iniciático de la Masonería”.[13]




[1] En cuestiones simbólicas no hay una única forma de hacer las cosas, lo que se debe a la pluralidad de significados que tienen los símbolos y a los múltiples puntos de vista desde los cuales se pueden abordar, por lo que la posición de los signos del Zodíaco en la Logia pueden variar. Sin embargo, el sentido de la posición que presentamos aquí quedará expuesto con las consideraciones que vendrán a continuación.
[2] Guénon, René. Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada, cap. XXXV, pág. 204. Buenos Aires, Eudeba, 1969.
[3] Es necesario tomar ciertos recaudos respecto del término “material”, ya que “la dualidad “espíritu-materia” nunca se planteó de forma absoluta e irreductible hasta la época cartesiana; los antiguos, principalmente los griegos, ni siquiera concebían la noción de “materia” en el sentido moderno de la palabra, como no lo hace la mayoría de los orientales en la actualidad: en sánscrito no existe ninguna palabra que responda a esta noción, ni siquiera de lejos” (Guénon, René. Introducción General al Estudio de las Doctrinas Hindúes, pág. 127. Buenos Aires, Editorial Losada, 2004). La única expresión que tiene el sánscrito para todo lo que puede ser concebido o percibido en el mundo manifestado es nâma-rûpa, cuyos dos términos corresponden a lo “inteligible” y a lo “sensible”, considerados como dos aspectos complementarios referidos, respectivamente, a la esencia y a la substancia de las cosas.
[4] Guénon, René. El Hombre y su Devenir según el Vedanta, cap. II, pág. 39. Buenos Aires, C.S. Ediciones, 1990.
[5] Guénon, René. La Gran Tríada, cap. VII, pág. 67. Barcelona, Paidós, 2004.
[6] Guénon. La Gran Tríada, cap. VII, pág. 72.
[7] Ritual del Primer Grado, Rito Antiguo y Primitivo de Memphis-Misraim, Gran Logia Simbólica de Argentina (Manuscrito de 1824), pág. 57.
[8] Instrucción por preguntas y respuestas para el grado de Aprendiz Francmasón, Ritual de Aprendiz, Rito Escocés Rectificado (redactado en 1782), pág. 116. En otros rituales masónicos, se especifica que el alto de la Logia se extiende “de la superficie de la Tierra a la Bóveda Celeste”, siendo su cobertura “el cielo estrellado, donde todos los buenos masones ansían llegar”.
[9] La Cruz Esvástica es uno de los símbolos más difundidos y se la encuentra desde el Extremo Oriente hasta el Extremo Occidente, e incluso entre ciertos pueblos indígenas de América del Norte. Es esencialmente el “signo del Polo”, y simboliza un movimiento de rotación que se cumple en torno de un centro o de un eje inmutable. El punto fijo, que simboliza el Centro, imprime a todas las cosas el movimiento, el cual representa la vida, por lo que la Esvástica es un símbolo del papel vivificador del Principio con respecto al orden cósmico. Desde el punto de vista del simbolismo masónico, el conjunto de cuatro gammas (letra griega que tiene forma de escuadra) colocados en ángulos rectos los unos respecto a los otros forma la Esvástica, que es un símbolo, al igual que la Letra G, de la Estrella polar, que es a su vez el símbolo y la sede efectiva del “Sol central oculto” del Universo. Además, la parte “quebrada” de los brazos de la Esvástica se considera como una representación de la Osa Mayor vista en cuatro diferentes posiciones en el curso de su revolución en torno de la Estrella polar, a la cual corresponde el centro donde las gammas se reúnen, quedando estas cuatro posiciones relacionadas con los cuatro puntos cardinales y las cuatro estaciones.
[10] Eliade, Mircea. El Mito del Eterno Retorno, pág. 27. Buenos Aires, Emecé Editores, 2006.
[11] Guénon. La Gran Tríada, cap. V, pág. 56.
[12] La “Apertura” o la acción de “abrir” es propiamente una disolución (Solve), mientras que la “Clausura” o la acción de “cerrar” es propiamente una condensación (Coagula). La aparente contradicción se resuelve situándose en el punto de vista Metafísico, por lo que la Apertura y la Clausura de la Logia, o, en otras palabras, la creación y disolución del Cosmos, son acciones que pertenecen propiamente a la Unidad.
[13] Para una explicación completa y detallada sobre esto, remitimos al lector a lo expuesto en el Tomo VI de la colección "Secretos de la Masonería": Solve y Coagula: el Secreto Iniciático de la Masonería.

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